19 DE MARZO, 2026

El rol del plástico de invernadero en la calidad de las flores 

Antes de que las flores de San Valentín lleguen a tus manos, estas pasan por corte, selección, empaque, frío, transporte, centros de distribución y tiendas de flores. Y cuando el trayecto es largo (por ejemplo, cuando se envía por barco) el margen de error se vuelve mínimo: cualquier estrés en el cultivo o en la cadena logística se nota después en la apertura, el color y la vida en el florero.

Durante el mes de San Valentín, muchas de las flores que se movieron y llegaron al mercado son justamente el tipo de flor de la que queremos hablar: la que tiene que soportar más días de ruta y, aun así, llegar con buena calidad.

Cuando la flor viaja por barco, el reto se multiplica

El transporte marítimo se usa, especialmente, para especies que pueden resistir más tiempo de tránsito. Por ejemplo,claveles y crisantemos tipo pompón. El motivo suele ser la eficiencia logística y los costos, pero el requisito es que la flor debe aguantar más días.

En un envío marítimo, la flor no solo viaja. También “espera”: en contenedores, en puertos, en procesos de recepción y en redistribución. Luego viene la operación comercial: pasa a mayoristas, a floristerías o supermercados y, finalmente, al florero de la casa del consumidor. Ahí aparece la pregunta clave: ¿qué tiene que pasar desde el cultivo para que esa flor soporte todo lo demás?

El punto de partida es el cultivo: menos estrés, mejor desempeño después del corte

La calidad que vemos en una flor al final del camino empieza mucho antes del empaque. En floricultura, pequeños cambios en el ambiente impactan el resultado: temperatura, radiación, picos de calor, exceso o falta de UV, y cambios bruscos a lo largo del día.

Una flor cultivada en condiciones más estables suele salir mejor preparada para la poscosecha, porque llega al corte con menos estrés acumulado y con características más consistentes, que se traducen en mejor comportamiento durante la cadena logística.

Por qué el plástico de invernadero influye tanto

El plástico de invernadero no es un techo genérico. Cuando está bien diseñado para el cultivo, ayuda a controlar variables que definen rendimiento y calidad. Lo más importante es cómo gestiona la luz y la temperatura dentro del invernadero.

En términos prácticos, una película puede ayudar a administrar tres componentes:

  • Ultravioleta (UV): afecta expresión de color y también puede influir en la interacción con ciertos insectos.
  • Luz visible / PAR: es la energía que impulsa la fotosíntesis y la productividad.
  • Infrarrojo (IR): impacta el comportamiento térmico; ayuda a reducir fluctuaciones y a manejar mejor el calor durante el día y la pérdida de temperatura en la noche.

Cuando esas variables se controlan mejor, se reduce el riesgo de daños en estructuras delicadas (pétalos, brotes) y se mejora la consistencia del lote, que es determinante cuando el viaje se alarga.

El color de las rosas también se define con luz

Hay variedades donde el manejo de UV es decisivo. En rosas rojas, bloquear parte de la luz ultravioleta ayuda a evitar sobrepigmentación. En rosas blancas, el control de UV ayuda a mantener el blanco sin que tienda a amarillear. En otras variedades, especialmente bicolores, permitir mayor paso de UV favorece que los tonos sean mucho más vivos. 

Esto no es un detalle estético menor. Un color inconsistente no suele tener muy buena venta en el mercado y en trayectos largos el riesgo de daños aumenta.

No todos los cultivos necesitan lo mismo: el caso de la alstroemeria

La alstroemeria necesita luz, pero con alta difusión. La luz directa puede afectar estructuras delicadas y, además, es sensible a cambios bruscos de temperatura a lo largo del día. Por eso, en este cultivo se priorizan películas que difuminan la radiación sin sacrificar luminosidad y que ayudan a estabilizar la carga térmica.

En el Grupo Plastilene producimos dos referencias que suelen funcionar bien según el objetivo del productor: Agrolene Verde, asociada a buen crecimiento y productividad, e Infralene, que ofrece alta difusión sin perder luz y ayuda a reducir el riesgo de quemado durante floración por su manejo térmico.

En cultivos es de suma importancia tener en cuenta que una solución estándar no es la mejor, cada flor necesita condiciones específicas y, por lo tanto, un plástico de invernadero especial.

Insectos y UV: a veces la estrategia también es “no ser visible”

En algunos cultivos se requiere dejar pasar ciertos rangos de luz que favorecen la polinización. En flores, muchas veces el objetivo es distinto: proteger la flor. Dependiendo del cultivo y del manejo, ajustar la entrada de UV puede influir en si ciertos insectos detectan o no el cultivo, lo que se traduce en menor presión de ataque.

El resultado final: una flor que llega mejor al último eslabón

Entonces, cuando compras o regalas una flor, recibes el resultado de muchas decisiones técnicas. Algunas pasan por frío y empaque, sí, pero varias empiezan en el invernadero: cómo se administró la luz, cómo se redujeron picos térmicos, cómo se evitó estrés en el desarrollo y cómo se logró consistencia. 

Ese es el “detrás de cámara”  Y es justo donde trabajamos: para que, incluso cuando el viaje es más largo, la flor llegue en mejores condiciones y con la calidad que el mercado espera.